Cuando Nueva York tuvo una playa nudista oficial
Hay historias de Nueva York que parecen imposibles hasta que descubres que realmente ocurrieron. No hablamos de leyendas urbanas ni de anécdotas exageradas que han ido creciendo con el paso de los años. Hablamos de hechos perfectamente documentados que, vistos desde la perspectiva actual, resultan difíciles de encajar con la imagen que muchos tienen de la ciudad.
Porque cuesta imaginarlo, pero durante años Nueva York tuvo una playa nudista oficial. Y lo más sorprendente no es que existiera. Lo verdaderamente sorprendente es que durante mucho tiempo apenas generó polémica.
La historia nos lleva hasta la península de Rockaway, en Queens, una extensa franja de arena que durante décadas funcionó como el gran refugio veraniego de millones de neoyorquinos. Mucho antes de que los vuelos baratos permitieran escaparse a Florida, el Caribe o Europa, las playas de Nueva York eran el destino vacacional de quienes buscaban unas horas de sol sin abandonar la ciudad.
Entre todas ellas destacaba Riis Park. Hoy es conocida por su ambiente relajado, su arquitectura histórica y por ser uno de los lugares favoritos de muchos neoyorquinos cuando llega el verano. Sin embargo, durante buena parte del siglo XX también fue famosa por otra razón mucho más inesperada. En una de sus zonas se toleraba el nudismo. Y durante años aquello formó parte del paisaje habitual.
Una ciudad diferente a la que imaginamos
Cuando pensamos en la Nueva York de mediados del siglo pasado solemos imaginar una ciudad conservadora, dominada por ejecutivos con sombrero, grandes periódicos y estrictas normas sociales. La realidad era bastante más compleja. Nueva York siempre ha funcionado como una especie de laboratorio cultural donde conviven tendencias completamente opuestas. Mientras algunos sectores defendían valores tradicionales, otros experimentaban con nuevas formas de entender la libertad individual, la moda, la música o la sexualidad.
Las playas fueron uno de esos espacios donde las normas se relajaban. Lejos del ruido de Manhattan y de las oficinas de Midtown, muchas personas encontraban en lugares como Riis Park una sensación de libertad difícil de experimentar en otros lugares de la ciudad. Con el paso de los años comenzó a consolidarse una zona donde el nudismo era habitual y ampliamente conocido.
No existía el secretismo que uno podría imaginar hoy. La gente sabía que estaba allí. Los visitantes acudían precisamente por esa razón. Y las autoridades, durante largos períodos, optaron por mirar hacia otro lado.
El Nueva York que estaba aprendiendo a cambiar
La popularidad de estas zonas coincidió con una época en la que Estados Unidos vivía profundas transformaciones sociales. Las décadas de los sesenta y setenta trajeron movimientos contraculturales, reivindicaciones de derechos civiles, cambios en las costumbres y una redefinición de muchos comportamientos considerados aceptables en el espacio público.
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Nueva York se encontraba en el centro de buena parte de esas transformaciones. La ciudad que producía movimientos artísticos revolucionarios, conciertos legendarios y nuevas corrientes culturales también experimentaba una relación diferente con el cuerpo, la privacidad y la libertad personal.
Por supuesto, no todo el mundo estaba de acuerdo. Nunca lo está. Pero durante años la existencia de una playa nudista en la ciudad fue vista por muchos como una simple peculiaridad neoyorquina más. Y eso, quizá, es lo que más sorprende hoy.
El principio del final
Nada dura para siempre en Nueva York. Los barrios cambian. Los negocios desaparecen. Las modas evolucionan. Y las normas también. A medida que avanzaron los años ochenta y noventa, la actitud de las autoridades comenzó a endurecerse. La presión política, los cambios culturales y una nueva visión del espacio público hicieron que la tolerancia hacia el nudismo disminuyera progresivamente. Lo que durante décadas había funcionado de manera relativamente informal empezó a ser objeto de controles más estrictos.
Poco a poco aquella parte de la historia de Riis Park fue desapareciendo. Las nuevas generaciones crecieron sin conocer una realidad que para sus padres o abuelos había sido perfectamente normal. Y la ciudad siguió adelante. Como siempre hace.
Lo que queda hoy
Curiosamente, Riis Park continúa conservando una reputación especial dentro de Nueva York. No porque exista ya una playa nudista oficial. Eso pertenece al pasado. Pero sí porque sigue siendo uno de los espacios más abiertos, diversos y relajados de toda la costa neoyorquina. Quienes la visitan hoy encuentran un ambiente muy diferente al de las playas más turísticas. Hay familias, grupos de amigos, ciclistas, surfistas y neoyorquinos que simplemente buscan una experiencia más tranquila y menos comercial.
Quizá por eso el lugar mantiene cierta aura de independencia. Como si todavía conservara algo de aquel espíritu inconformista que la hizo famosa décadas atrás.
Una historia muy neoyorquina
Lo más interesante de esta historia no es el nudismo. Es lo que revela sobre Nueva York. La ciudad suele presentarse como un lugar donde todo cambia constantemente, pero pocas veces pensamos en la cantidad de versiones diferentes que ha tenido a lo largo de su historia. La Nueva York de los años veinte era distinta a la de los cincuenta. La de los setenta apenas se parece a la actual. Y la ciudad que permitió durante años una playa nudista oficial forma parte de esa larga lista de Nueva Yorks desaparecidas que sobreviven únicamente en fotografías, recuerdos y artículos de prensa.
Quizá por eso resulta tan fascinante descubrir estas historias. Porque nos recuerdan que Nueva York nunca ha sido una ciudad estática. Siempre está cambiando. Y precisamente por eso nunca termina de sorprendernos.
Cómo llegar
Jacob Riis Park · Jacob Riis Park, Queens, NY
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