"Todo es carísimo en Nueva York". Mentira.
Si hay una frase que escucharás una y otra vez antes de viajar a Nueva York, probablemente sea esta:
"Prepárate... allí todo cuesta una fortuna."
La dicen amigos que estuvieron hace años, familiares que nunca fueron y hasta personas que repiten lo que han oído en Internet. Y lo curioso es que, cuando aterrizas en la ciudad, descubres que tienen razón ...y al mismo tiempo no la tienen. Porque Nueva York puede ser una de las ciudades más caras del mundo. Pero también puede ser mucho más barata de lo que imaginas. Todo depende de una única decisión; vivir la ciudad como un turista... o aprender a hacerlo como un neoyorquino.
El mayor error empieza antes de viajar
Muchos visitantes llegan convencidos de que cualquier comida costará 50 dólares, que cada trayecto será un gasto importante y que una simple botella de agua arruinará el presupuesto. Todos parecen saber mucho sobre Nueva York aunque no la hayan pisado en su vida. Entonces ocurre algo curioso: al creer que todo será caro, dejan de comparar precios. Y es precisamente ahí donde empiezan a gastar de más. Nueva York no tiene un único nivel de precios. Tiene decenas. En la misma calle puedes encontrar un desayuno por 7 dólares... y otro por 35. La diferencia no siempre está en la calidad. Muchas veces está en el lugar donde decides entrar.
Un desayuno por menos de lo que cuesta un café en otras ciudades
Empecemos por la mañana. Un bagel con queso crema suele costar entre 5 y 8 dólares en una buena tienda especializada. Si lo acompañas con un café comprado en un carrito o una cafetería sencilla, puedes desayunar por 7 a 10 dólares. No está mal.
¿Puede costarte más? Por supuesto. En una cafetería de moda de SoHo o cerca de Times Square puedes pagar fácilmente el doble o el triple. Pero eso no significa que Nueva York sea cara. Significa que elegiste una de las zonas más turísticas de la ciudad, estás pensando como un turista y eso a veces sale caro.
La pizza sigue siendo una de las mejores gangas
Hay pocas experiencias más neoyorquinas que comer una porción de pizza doblada por la mitad mientras caminas. Y sigue siendo una comida sorprendentemente económica. Una porción normal suele costar entre 3 y 4 dólares, aunque depende del establecimiento. Por unos pocos dólares más puedes añadir una bebida. Pocas ciudades del mundo permiten comer algo tan representativo por ese precio. Muy pocas.
Los famosos carritos de comida
Durante años fueron el secreto mejor guardado de quienes trabajan en Manhattan. Hoy también forman parte de la experiencia turística. Los conocidos Halal Carts sirven platos abundantes de pollo con arroz, ensalada y salsa por 8 a 10 dólares aproximadamente. Y créeme. Muchos restaurantes bastante más caros no consiguen que salgas tan satisfecho.
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El metro cuesta menos de lo que imaginas
Si vienes de ciudades donde cada trayecto depende de la distancia recorrida, el metro de Nueva York puede darte una agradable sorpresa. Pagas una tarifa única. Da igual si recorres dos estaciones o cruzas media ciudad. Actualmente el billete cuesta 3 dólares utilizando el sistema OMNY. Eso significa que puedes atravesar Manhattan, llegar al Bronx o desplazarte hasta Brooklyn por el mismo precio. Es difícil encontrar una relación calidad-precio mejor en una ciudad de este tamaño.
Hay museos completamente gratuitos
Aquí Hollywood tampoco suele contar toda la historia. Nueva York alberga algunos de los museos más famosos del mundo. Muchos son de pago. Pero también existen museos gratuitos, galerías abiertas al público, parques, paseos junto al río, mercados, miradores y actividades culturales que no cuestan absolutamente nada. Podrías pasar varios días disfrutando de la ciudad sin comprar una sola entrada. Y seguirías sintiendo que el viaje ha merecido la pena.
El agua más barata de la ciudad
Hay turistas que compran cinco o seis botellas de agua cada día. Y terminan gastando una pequeña fortuna. Los neoyorquinos hacen algo mucho más sencillo. Llevan una botella reutilizable. El agua del grifo de Nueva York tiene muy buena reputación y existen numerosas fuentes públicas donde rellenarla. Es uno de esos pequeños detalles que, al final del viaje, pueden suponer un ahorro considerable.
Lo caro también existe
Ahora bien... Sería injusto decir que Nueva York es una ciudad barata. Porque no lo es. Puedes pagar más de 20 dólares por un cóctel, 40 o 50 dólares por un brunch, 300 dólares por una entrada de Broadway o cientos de dólares por una cena en un restaurante con estrella Michelin. Pero nada que no ocurra también en París, Roma o Barcelona. Y también encontrarás hoteles donde una sola noche cuesta más que unas vacaciones completas en el Caribe. Todo eso existe. La diferencia es que no es la única Nueva York posible.
La ciudad de los dos precios
Quizá esa sea la mejor manera de definirla. Nueva York tiene dos listas de precios. La del visitante que entra siempre en el primer restaurante que encuentra junto a Times Square. Y la del vecino que camina tres calles más, compra en una bodega, desayuna en una pequeña cafetería del barrio y utiliza el metro para desplazarse. Ambos están en la misma ciudad. Pero viven presupuestos completamente distintos.
Entonces... ¿es cara o no?
La respuesta correcta sería esta: Nueva York no es una ciudad cara. Puede ser una ciudad carísima... si tú quieres que lo sea. Y esa diferencia cambia completamente la forma de planificar un viaje. Porque una ciudad donde puedes desayunar por menos de 10 dólares, almorzar por 10, cruzar Manhattan por 3 y pasar la tarde en Central Park sin gastar un solo dólar no encaja exactamente con esa imagen de destino inalcanzable que tantas veces se repite. Quizá el mayor mito sobre Nueva York no sea que todo cuesta mucho. Quizá el verdadero mito sea creer que solo existe una forma de disfrutarla. Y eso, afortunadamente, es completamente falso.
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